Nada hace más feliz al corazón que esas cosas bonitas que valen más que el oro o la plata; son las miradas de aprecio y afecto, ese abrazo fraterno que te acomoda el alma en momentos de dificultad; la pauta, el apoyo constante; la sonrisa que te aprueba hasta en los errores más evidentes.
No hay nada más agradable que el mensaje que llega justo cuando estás abatido y no encuentras salida.
El valor de las pequeñas cosas enaltece y son significativos; son una terapia de afecto y amor, ayudan a construir amistades sólidas, amores verdaderos, familias de valor y sociedades de paz.






