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Colombia, el nuevo Prometeo

Casi Colombia entera, me atrevería a decir, ha creado un nuevo Prometeo, y aunque algunos piensen que dicha creación es de ahora, no lo es.

Colombia, el nuevo Prometeo

Colombia, el nuevo Prometeo

Por: Jairo

@el_pilon

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Casi Colombia entera, me atrevería a decir, ha creado un nuevo Prometeo, y aunque algunos piensen que dicha creación es de ahora, no lo es. Cuántos restos de cadáveres, podredumbre y carroña se ha necesitado para que surja el monstruo que hoy se asoma ante nosotros. Somos el futuro conjurado del pasado, un pasado doloroso y vergonzoso, lleno de corrupción y desaciertos.

Hoy, somos parte del monstruo, nos guste o no. Por fortuna, al igual que en la obra este monstruo tiene aún sentimientos, o al menos cree tenerlos; aún somos capaces de sentir, de llorar por el sufrimiento que nos agobia; de luchar por subsistir ante el miedo causado por nuestra triste realidad. Somos el monstruo fruto de la mente de un Frankenstein (nosotros), tratando de escapar de nuestro creador (de nosotros), intentando alejarnos lo más que podamos de aquello que nos hace daño, de aquello que deseamos olvidar.

Pero, a diferencia del monstruo de ficción creado por la gran escritora inglesa Mary Shelley, este monstruo creado por nosotros es real, le hemos dado vida a través de los años conjurando indolencias de manera inmisericorde. Hemos jugado con nuestro bienestar a través de décadas, hemos sido ambiciosos por lograr lo que se nos antoje sin importar los intereses de los demás, trasgrediendo los límites entre lo humano y lo divino. Hoy tenemos de país a un monstruo hastiado de sus creadores y forjadores, un país que rechaza comportamientos inmorales, antiéticos y en especial ilegales, un país que desea desarraigarse de aquellos que lo han empujado a ser lo que es hasta hoy.

Tenemos a un país desenfrenado, autónomo en muchos aspectos inmorales, y como decía, ilegales, lo cual puede conducirnos a la hecatombe de la moral, sumiéndonos en un Estado sin ley y sin futuro, en donde primará la ley del más fuerte, auspiciado por conductas de antivalor y corrupción y en donde al final quien se considere más fuerte seguirá hundiéndonos y provocando un caos incontrolable.

Si bien es cierto que hemos creado a un monstruo, también es cierto que tenemos el deber de controlarlo y no rechazarlo, tal vez, lo estigmaticemos como monstruo pero quizás aún pueda ser tratado como una criatura que merece ser comprendido y por qué no, encauzarlo con buenos y diferentes propósitos. Quizás aún estemos a tiempo de pensar que la criatura que creamos es una criatura y no un monstruo, y que tiene una voz, que puede ser direccionada hacia la esperanza, pues, sin duda alguna, es evidente que las fallas son nuestras, su creador, y no de la criatura. Entonces nos surge algunos interrogantes: ¿quién es el nuevo Prometeo? ¿Nosotros o nuestra criatura?

Si nuestra Colombia tuviera un alma, esta se encontraría hoy errante como un ángel caído, un ente marginado, lejano a lo que en su verdadera esencia debe ser para con los suyos, inmerso en el conflicto, al parecer eterno esclavo de una violencia que no nos abandona, atado a un mar de lágrimas que ya ni siquiera existe, porque los que lloran deben hacerlo detrás de velos negros que simbolizan el luto de una esperanza muerta antes de nacer.

Quizás la criatura que hemos creado corra con suerte y pueda refugiarse, al menos por algún tiempo, en espacios creados igualmente por nosotros, esperanzados de darle corazón a un monstruo que después que lo trajimos a la vida, queremos despedazarlo porque lo consideramos horrible. ¿Por qué? Si somos nosotros los creadores de nuestra realidad, de nuestro bienestar, de nuestro futuro, de nuestra esperanza. Debemos hoy tener el valor y aceptar a nuestra criatura y en vez de rechazarla, tratar de darle un final diferente al personaje de la maravillosa obra literaria aludida. 

Si bien la autora de dicha historia, inmortalizada a través de las letras, le dio su origen  a la criatura en un momento en donde la lluvia incesante la confinó en una casa, en donde varios volúmenes de historias de fantasmas cayeron en sus manos y en las de los otros que estaban con ella en ese momento, también hoy nosotros podemos imaginarnos que debemos dejar a muchos de nuestros fantasmas y escribir nuestras propias páginas de un nuevo libro en donde la criatura que creemos palpite con un corazón cargado de amor y bondad. 

POR: JAIRO MEJÍA.

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