En el corazón del Caribe colombiano, entre la Sierra Nevada de Santa Marta y la Serranía del Perijá, yace la cuna del vallenato: Valledupar. Este es un lugar donde el tiempo parece detenerse en la calidez de su gente y en la cadencia de su música. Pero más allá de su belleza natural y cultural, Valledupar ha estado históricamente aislada.
En esta tierra de contrastes, María Fernanda Araújo Baute y yo nos encontramos inmersos en un proyecto que nos llevó a descubrir una conexión inesperada con otra ciudad del norte colombiano, Riohacha. Durante nuestras investigaciones para crear el índice de la Notaría de Riohacha, nos topamos con un documento que resonó profundamente en nosotros: el número 68. Este número, aparentemente insignificante, abrió las puertas a una historia olvidada que conectaba directamente a Valledupar con los planes audaces de desarrollo del siglo XIX.
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