De la violencia política impuesta en el Cesar da cuenta la investigación Realismo Mágico, Vallenato y Violencia Política en el Caribe Colombiano, donde el autor hace un análisis de las relaciones hegemónicas entre la configuración de una élite y una clase popular subordinada a partir de la construcción de la identidad vallenata que termina invisibilizando reclamaciones del campesinado del Caribe colombiano (Figueroa 2007, pág. 35, 36). Esta expresión que en sus inicios propuso reivindicaciones (Fals Borda) pasaría a ser un instrumento de contrarrevolución cultural a las reclamaciones iniciales. (Cueva A. 1988, pág. 50).
Lee también: Pistas para entender el conflicto y construir la paz
Así las cosas, surgen varias preguntas para el debate y futuras investigaciones: ¿podría considerarse la música vallenata un dispositivo violento de dominación política y de contrarrevolución cultural? ¿Es el vallenato en su manifestación contemporánea una manifestación estético-expresiva del proyecto paramilitar? O ¿hasta qué punto el mercenarismo de Estado tiene manifestaciones estético-expresivas que cooperan para su expansión y dominio?











