Una reforma simbólica
La reforma agraria de Petro es un buen paso en lo simbólico, en lo político y en su significado. Los mensajes son contundentes, el primero es que la reforma necesita paz política, porque los orígenes de la guerra se situaron en la tierra rural; el segundo es: sin consensos no hay avance, por eso el convenio con Fedegan y el gran paso que dieron Petro, la ministra López y Lafaurie para construir una narrativa.
La de Petro es una reforma agraria ambiciosa. Sin embargo, no está poniendo el foco donde es. Los problemas acuciantes del agro no son el acceso a la tierra a través de la propiedad sino: i) la inflación de alimentos (26 %), ii) la producción y provisión de alimentos, junto con iii) la falta de competitividad en el mercado.
Es más, Colombia necesita hacer de la producción y provisión de alimentos una herramienta de posicionamiento geopolítico global y el acuerdo sobre los tres millones de hectáreas con Fedegan no va en esa vía.











