5 octubre, 2020

Abel Antonio Villa, el negro maluco, a propósito de su natalicio

Abel Antonio, frente a la intensión racial insultante de llamarlo negro, creó un discurso compuesto por dos argumentos. El primero fue autodenominarse negro, lo que encontramos en varias canciones de su autoría. Y el segundo, de fino.

Abel Antonio Villa, 'El negro fino'.

FOTO: CORTESÍA.

El vallenato antes era una crítica, era un periódico, cantar en cantos lo que a usted le pasaba, lo que pasaba al otro, eso era lo que uno hacía.  La frase es de Alejandro Durán, y la cito para destacar que de cantar lo que pasaba no estuvo por fuera el argumento racial como mensaje discriminatorio.

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El lenguaje utilizado para desarrollar este tipo de discriminación es evidente en canciones que han hecho historia en este género musical y en algunas que no tienen esa connotación. En ellas se han puesto en contexto las diferencias físicas, el color de la piel con el objeto de exacerbar al discriminado.

La piqueria, entendida como una confrontación musical, ha sido el vehículo de mayor utilización para promover este tipo de discurso racista, y uno de los mayores argumentos, al hacerlo, es el resaltar la tez negra del contrincante para desacreditarlo.

DIVISIONES

La sociedad, frente a los individuos de piel negra, generó una división entre fino o con clase y maluco, la que está cimentada, principalmente, sobre argumentos sociales y económicos, que es la manera como los grupos de poder han organizado a la sociedad. De ahí que la primera manera de hacerlo tenga relación con la posición social y económica de la persona, mientras que la otra es una forma de estigmatizar a quien carece de algunas de estas dos particularidades.

Esta división también es evidente en canciones pertenecientes al vallenato. La mención de negro fino resulta ser usual en las de autoelogio, de ahí que encontremos versos como los del compositor Poncho Cotes Junior en los que dice: “Yo soy tu negro, yo soy tu mango”. Como la de Calixto Ochoa en la que se caracteriza como negrito pero gracioso. Abel Antonio Villa, por su parte, le dice a Tica: “Como mi Tica no hay ninguna, yo soy su negro cariñoso”.

 Mientras que señalar como negro maluco a una persona es recurrente con un fin prejuicioso. Sucedió con Abel Antonio, quien fue personificado como negro y maluco por José Benito Barros en el porro ‘Negro Maluco’, grabado por Los Trovadores de Barú en 1952. Pasó, igualmente, en una canción compuesta por Abel Antonio en la que identifica a Pacho Rada como un negro chabacano.

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Este tipo de canciones parecen ser las prevalentes en el catálogo de la música vallenata cuando se trata del asunto étnico. En una de las piquerias más comentadas en el vallenato, la de Luis Enrique Martínez y Abel Antonio, el primero acudió al discurso racista para descalificar a su contrincante: “Adonde quiero que llego/ siempre me pongo a tocar/ se me presenta un perro negro/ con ganas de ladrar”. En otra canción le dice: “Ese negro maluco no puede tocar conmigo”.

En otra de las que ha trascendido en el tiempo, la que se dio entre Germán Serna y Samuelito Martínez, encontramos frases como: “Se la pasa echando vainas un negro maldito, o un negro que está más sucio que un inodoro”.

El cantante del conjunto Los vallenatos del Magdalena, Roberto Román, compuso e interpretó la canción ‘Los cuatro ases de basto’, buscando generar una piqueria con Luis Enrique Martínez, Alejandro Durán, Abel Antonio Villa y José María Peñaranda, al compararlos con este tipo de cartas del juego de naipes. Pero, además de hacer la comparación, dijo que Abel Antonio y Alejo Durán eran un par de negativos, refiriéndose al color de los rollos de las cámaras fotográficas.  También le dice a Abel Antonio, a manera de saludo hiriente: “Óyelo gorila con lentes”.

BLANCO DESCOLORIDO, RANA BLANCA

Qué cultura, qué cultura va a tener un negro yumeca como Lorenzo Morales”, es, quizás, la frase peyorativa, discriminatoria, más cantada de la música vallenata. El agraviado, en esta piqueria, también echa mano de lo étnico, saliéndose del estereotipo de llamar negro al oponente, al decirle a Zuleta “blanco descolorido”. 

Este, en la Gota fría también hace mención del mismo tema al decir que su contrincante se ha puesto bravo porque no es de color, por lo que le aconseja que se unte blanco de zinc y no se deje dar el sol.

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Lo de blanco como argumento descalificatorio también se da en otra piqueria, la surgida entre Luis Enrique Martínez y Guillermo Buitrago. El primero llama “rana blanca” al Jilguero de la Sierra Nevada después de que este cantara la canción ‘La Viruela’, en un programa radial que transmitía Emisora Atlántico de Barranquilla.

El animador de la emisión radiofónica dijo que el tema era de la autoría del Buitrago, lo que conoció Luis Enrique a través de Julio Bovea, quien, además, lo indujo para que le reclamara el supuesto robo de la canción. “Dígale a rana blanca, que se asome y venga acá, Que acá tengo otro son, para que lo vuelva a grabar”.

Samuelito Martínez fue otro que echó mano de la descalificación racial teniendo como argumento llamar amarillo, que también denominan jipato, a Germán Serna. Le dijo: “Qué le pasará a Germán/ Que lo veo tan amarillo/ Será que le ha sentado mal/ La postura de los grillos”.

Las descalificaciones raciales, en el caso de Abel Antonio, trascendieron lo musical para ser argumentado, en varias oportunidades, por mujeres que pretendía o por su familia. La excusa o rechazo a sus pretensiones era que una mujer blanca no podía mezclarse con un negro.

ABEL ANTONIO VILLA, EL NEGRO FINO

Abel Antonio, frente a la intención racial insultante de llamarlo negro, creó un discurso compuesto por dos argumentos. El primero fue autodenominarse negro, lo que encontramos en varias canciones de su autoría. Lo hace para desmitificar el insulto racial, pues al apropiarse de él, llamándose negro, neutraliza el contenido ofensivo, y al hacerlo lo convierte en una forma de afirmarse y reconocerse.

Sostiene Carlos Sierra, quien hizo de guacharaquero y cantante cuando afectado en su salud, Villa seguía en corredurías acompañado de su hermano, el acordeonista ‘El negro Villa’, que la utilización de la palabra negro hizo falta en pocas canciones de la autoría del juglar.

 Abel García Villa, por su parte, dice que este término lo utilizaba hasta para destapar una botella de ron y que, incluso, tuvo un perro al que llamó el ‘Negro Abelito’. Pero no solo la empleó en sus canciones: hizo poner dos leyendas en los vidrios delantero y trasero de un automotor de su propiedad, que decían: “Ahí viene el negro molesano, ahí va el negro molesano”.

El empleo de la palabra negro en sus canciones fue asunto de vieja data, lo hace desde los años cuarenta cuando se trenzó en lo que parecía una interminable piquería con Luis Enrique Martínez. La menciona en una de las canciones producto de la controversia ‘Soy Abel Antonio el negro, el que tiene la facultad’.

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En el marco de esa misma controversia, el juglar del Bajo Magdalena, le respondió a Luis Enrique Martínez unos versos en lo que lo llamó #perro negro#, diciendo de su contrincante: “Hay un zorro vallenato que vive en la montaña/ Él se las tira de guapo y cuando me ve se calla/ Él me anda haciendo aparato y el negro lo persigue...”.

El segundo argumento fue considerarse fino, tal y como lo dice en uno de sus versos: “Me dirán que soy negro, pero no maluco”. Asegura Francisco Torres, quien fue su guacharaquero por muchos años, que entre las razones para considerarse de esa manera estaba la forma de sus labios, delgados, las de sus orejas, grandes, características morfológicas de las que aseguraba que eran propias de este tipo de negros.

EGÓLATRA

El ser fino no solo fue un discurso, era su visión del mundo, lo que mostraba, incluso, a través de hechos, como la forma de vestir. Su amigo y paisano Eloy Zabaleta lo describe como “un negro inteligente, pujante, que se vestía tres veces al día y se ponía zapatos que le combinaban con la ropa”.

Al respecto, dice Alcides Yances, quien por años fue su amigo: “Yo no sé qué hacía él, pero siempre andaba bien vestido. Cuando le cambió la vida económicamente, usted lo veía, acá en Pivijay, en bermuda blanca, zapatos finos y camisa blanca, además de un bastón”.

Otra manera de serlo era el cómo entendía su papel protagónico en la música vallenata. Un perfil de su visión la tiene José Domingo Pino, quien compartió con este por casi diez años: “Abel Antonio era un tipo ególatra, para él no existía nadie mejor. Escuche la canción Ana María, en la que dice: ‘Atézate viejo Villa que para ti no hay contendor’. Él era engreído, tanto que tenía frases como: ‘Yo soy el pez que pica y jala como la Dorá’, en la que lo demuestra”.

Sabiéndose importante y sin prejuicios que lo limitaran, cultivó las relaciones públicas, se hizo adicto a los micrófonos de los medios radiales, buscó los medios de comunicación escrito, y cuando apareció la televisión fue detrás de las luces y las cámaras para que lo enfocaran como protagonista.

También procuró ser cercano a los círculos de poder político y económico, basta verlo en una fotografía en la que conversa con Álvaro Gómez Hurtado, para entender su interés por este tipo de amistades.  Pero no solo fue en el contexto nacional, también en las localidades donde llegaba tras los contratos musicales. Lo fue, además, del poder militar, era conocida su amistad con los generales Bonet Locarno, que le regaló un acordeón, y Maza Márquez.

Amante del autoelogio dice en un verso: “Y dirán que soy negro, pero un negro inteligente”. Según su paisano y amigo, Félix Bosio, en el tiempo de la infancia del juglar en Piedras de Moler, el noventa por ciento de sus habitantes eran analfabetas. De su paisano, dice el médico Bernardino Orozco, que fue un autodidacta, que aprendió, inicialmente, a escribir su firma y después a leer. Interés por aprender que lo llevó a ser recordado en Pivijay como un lector, todos los días, de los periódicos que llegaban a esa localidad. 

Dentro del repertorio musical del juglar de la ciénaga de Zapayán hay dos canciones que son el eje de su discurso racial, ‘El negro maluco’ y ‘Blanco y negro’. Ambas marcan dos etapas de su existencia, el inicio y el final de su vida de músico y compositor. En la primera, que debió componer y grabar en los años cuarenta o principios de cincuenta, del siglo anterior, a juzgar por la respuesta que da en sus versos, además de responder los agravios que le habían hecho, hace mención del color de su piel. Menciona, además, la división entre negros recordando que es negro, pero no maluco.

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En la canción ‘El blanco y el negro’ dice que si sus padres fueran blancos hubiera nacido mono, pero como eran negros nació negrito. “Él heredó de los Villa, de papá Toño, el color moreno”. La frase es de su sobrino Abel García Villa, quien, además, señala: “Los Villa de mi abuela, María, son blancos, ojos rayados. En este tema musical el juglar propone que si lo querían ver de tez blanca que le untaran blanco de zinc”.

El compositor José Benito Barros, indagado por el coleccionista de música e investigador Julio Oñate sobre las razones que lo llevaron a componer la canción ‘El negro maluco’, señaló: “Esa, los amores de Zoila. Me fascinó tanto esa canción que yo no conocía ni tenía ideas de quién era Abel Antonio Villa. Entonces yo en Bogotá pensé: ‘Voy a hacer una canción a Abel Antonio Villa a ver con qué me sale, con qué me va a contestar’. Y le hice ‘El negro maluco’, sin conocerlo. Y resulta que no era maluco, sino un negro bonito. Un negro simpático”, dice Oñate, por lo que el entrevistado respondió: “Si es simpático ahora, póngase a pensar hace cuarenta años”. 

PD: Por primera vez, desde que se viene organizando el Festival de la Leyenda Vallenata en Valledupar, coinciden la fecha de nacimiento del juglar con este evento. Hasta el momento la organización de este evento no se ha pronunciado destacando este hecho, entendiendo los aportes de este a la música vallenata.

Por Álvaro de Jesús Rojano Osorio