Aquella vez, hace exactamente 38 años, la inspiración le llegó al compositor Roberto Alfonso Calderón Cujia unida a los pronósticos de las cabañuelas, pero no aplicada a los métodos tradicionales de predicción meteorológica de los campesinos, sino a que las lluvias de amor aparecieran pronto para sofocar el calor del olvido.
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Era una razón valedera para el hombre enamorado al notar como la mujer que amaba se estaba perdiendo en el adiós de la vida. Entonces, siendo práctico y después de darle vueltas al primer verso lo consignó de la siguiente manera:











