Desde sus inicios el Festival Vallenato siempre convocó a foráneos que llegaron a la capital del Cesar seducidos por la corona que proclama a los acordeoneros como los mejores en su arte.
Inicialmente, eran los campesinos provenientes de los departamentos circunvecinos quienes, acordeón al hombro, arribaban para demostrar en tarima que dominaban como nadie el instrumento musical.
Pero a medida que el evento de acordeones fue creciendo, con el auge también empezaron a llegar empresarios para difundir esta música vernácula en el interior del país.











