Por: José Rafael Daza Arias, PhD.
Cada 1 de marzo, Colombia celebra el Día del Contador Público: la contaduría va más allá de los números, es la base de la confianza en el mundo empresarial y financiero. Es una labor esencial para garantizar la fe pública, al igual que la transparencia, el control y la toma de decisiones estratégicas en las organizaciones.
Los contadores públicos son guardianes de la figura de la fe pública y garantes de transparencia, sostenibilidad y control. Su labor respalda la toma de decisiones estratégicas y, en última instancia, contribuye a la construcción de una sociedad más justa.
Origen de la conmemoración
La fecha se remonta al 1 de marzo de 1975, cuando en una protesta convocada en la Universidad de Antioquia por las agremiaciones de contadores colombianos, surgió la reivindicación de su ejercicio profesional y el reconocimiento de su papel en el mercado contable del país.
El contador no solo calcula impuestos o prepara balances. Su tarea toca fibras más profundas: ética empresarial, prevención de fraudes y control financiero. Detrás de cada empresa sólida hay un contador que vela por su estabilidad. En un mundo económico en constante transformación, son el pilar silencioso del éxito empresarial.
Hoy al contador público se le exige, más que nunca, una ética intachable y el dominio de un segundo idioma. El bilingüismo amplía sus oportunidades, universaliza su desempeño y conecta la profesión con un mundo globalizado.
Pionero en Valledupar
A principios del siglo XX, un personaje se adelantó a esta exigencia. Se convirtió en el primer contador público juramentado bilingüe que llegó a Valledupar, formado bajo la educación impartida en los Estados Unidos.
Su nombre era Aníbal Guillermo Castro Monsalvo (1896 – 1982), hijo de una familia prestante y reconocida del Valledupar de entonces, cuando la ciudad aún pertenecía al Magdalena Grande. Tras formarse en el exterior, regresó con conocimientos modernos que no pudo ejercer en el ámbito público. La ciudad tenía un comercio incipiente; no existía cámara de comercio y su economía era fundamentalmente pastoril, basada en la ganadería y en cultivos de pancoger. Ante ese contexto, aplicó su saber contable en la gerencia privada de sus haciendas ubicadas en la sabana de Camperucho de las Flores.
Aníbal Guillermo Castro Monsalvo en diferentes épocas. (Foto: Suministrada).
Aníbal Guillermo fue el mayor de nueve hermanos y el primero en su familia en viajar al exterior para formarse en un país de habla inglesa. Sus hermanos fueron: Pedro, Juan Bautista (“Juancho”), José María (“Chema”), Rosa Dolores (“Ocha”), Josefina de la Trinidad (“Fina”), Ana Clara, Leticia de la Trinidad (“Lety”), Margot (“Margarita”) y María Magdalena de la Trinidad (“Nena”) Castro Monsalvo.
Hermanas Castro Monsalvo: De izquierda a derecha: María Magdalena; Josefina; Ana Clara; Leticia; Margot. Cortesía Facebook
Hogar de nacimiento
La casa donde nació aún se conserva en el centro histórico de la ciudad, ubicada en una de las esquinas que forman parte de la plaza Alfonso López de Valledupar.
Esquina Plaza Alfonso López.
Educación
Aníbal Guillermo logró formarse en el exterior gracias al apoyo de sus padres,José María Castro Baute y Rosa Monsalvo Maestre, quienes lo enviaron a estudiar a Filadelfia, Estados Unidos. En ese momento, Filadelfia era un destacado centro cultural, industrial y polo de desarrollo económico. Su puerto fluvial sobre el río Delaware la convertía en una puerta estratégica para el comercio de la costa oriental de los EE. UU., condición que mantenía desde mucho antes de la independencia de ese país.
Su padre, José María Castro Baute, fue un influyente líder y visionario que a mediados del siglo XIX buscó romper el aislamiento geográfico de Valledupar incursionando en la industria de la navegación fluvial, al ser cofundador de la primera compañía de navegación por las aguas del río Cesar hasta su desembocadura, con una lancha de vapor llamada “El Diluvio”, apoyada con un bote de acero diseñado para transportar mercancías y pasajeros.
Viaje a Filadelfia
El domingo 2 de junio de 1911, con apenas 15 años, partió vía marítima en barco de vapor desde Santa Marta rumbo al puerto de ingreso de Ellis Island, en la bahía de la ciudad de Nueva York, entre Manhattan y la costa de Nueva Jersey a poca distancia de la famosa Estatua de la libertad. Allí se enfrentó a su primer reto: el idioma. Recibió un aprendizaje de un año para dominar el inglés, lo cual le facilitó su admisión en el Goldey College (fundado en 1886), escuela de negocios donde cursó estudios sobre técnica contable y manejo de la teneduría de libros. Este fue el escenario que moldeó su visión profesional.
Aníbal Guillermo Castro Monsalvo (en el circulo) con sus compañeros de clases en el Goldey College (Cortesía: José Jorge Dangond Castro).
Ante la soledad que enfrentaba al estar lejos de su país, solía con mucha frecuencia escribir cartas dirigidas a su familia al igual que a los principales amigos de sus padres, y hay evidencia documental que mantenía frecuente comunicación escrita con Pedro Aquilino López Medina, quien fue un destacado empresario, líder banquero y político oriundo de Bogotá quien estaba casado con Rosario Pumarejo Cotes, madre de Alfonso López Pumarejo (presidente de Colombia en dos periodos).
Correspondencia dirigida a Aníbal Guillermo Castro Monsalvo por parte del padre de Alfonso López Pumarejo (Cortesía: familia).
Retorno a casa
Permaneció más de siete años en suelo estadounidense debiendo retornar a Colombia en 1918, por la muerte de su padre José María Castro Baute y le correspondió asumir la conducción de las propiedades de la familia Castro Monsalvo.
Antes de él, los contadores bilingües juramentados se desempeñaban en la zona bananera del Magdalena y eran traídos desde los Estados Unidos para que manejaran la teneduría de libros en las distintas haciendas en donde se cultivaban la fruta del banano para exportación.
La empresa, que lideraba la presencia de contadores bilingües juramentados en sus haciendas agrícolas de banano, era la multinacional United Fruit Company, cuya sigla era UFCO, o como se le conocía en la zona bananera: la Yunai (hoy llamada Del Monte).
Los contadores bilingües juramentados ejercían labores especializadas de elaboración y pago de las nóminas de jornales; al igual que control de los inventarios de los almacenes de comisariatos en dichas haciendas; registros de las frutas exportadas por vía marítima y la consolidación mensual de la información con la casa matriz en los EE. UU.
Reconocimiento pendiente
Hoy, la profesión contable en la costa Caribe y en el Cesar está en deuda con este pionero. Ni la academia, ni el Gobierno municipal, ni el empresariado han rendido el homenaje que merece el primer contador bilingüe juramentado formado bajo la educación impartida en los Estados Unidos que llegó a Valledupar.
Hombre con nexos sociales
Su legado se entrelaza con figuras claves de nuestra región. Aníbal Guillermo Castro Monsalvo, fue el suegro de Jorge Dangond Daza (1922-2008): político; empresario e industrial; gobernador del Cesar; alcalde de Valledupar; senador y representante a la Cámara; fundador del barrio Novalito, al igual que San Fernando y Dangond, entre otros.
Era cuñado de Juvenal Ovidio Palmera Baquero (1908-2002): abogado, político; fue viceministro de Agricultura; diputado por el Magdalena Grande; secretario de Correos y Telégrafos; magistrado de la Corte Suprema de Justicia, por lo cual era llamado “La conciencia jurídica del Cesar”.
Era el hermano mayor de Pedro Castro Monsalvo (1905-1967), primer ingeniero agrónomo que tuvo la región del Valle del Río Cesar; político; ministro de Correo y Telégrafos; ministro de Agricultura y Ganadería; gobernador en dos ocasiones por el departamento del Magdalena Grande; concejal, diputado y senador por el departamento del Magdalena Grande.
Padre de Elisa Castro Palmera: teóloga egresada de la Universidad Javeriana; pianista consagrada; fundadora en 1979 de la Liga de Lucha contra el Cáncer, de la cual fue su primera presidenta en la ciudad de Valledupar.
Tío materno de José Guillermo Castro Castro (1926-2017): más conocido como “Pepe Castro”; político, escritor, ganadero, caficultor, concejal y alcalde de Valledupar; gobernador del departamento del Cesar; representante a la Cámara y senador.
Tío paterno de María Eugenia Castro Mejía, gestora cultural, directora y cofundadora del Museo de Arte Moderno de Barranquilla (MAMB).
Abuelo materno de Fernando Dangond Castro: médico egresado Universidad Javeriana con especialidad en neurología; poeta, músico, compositor, autor de la canción “Nació mi poesía”, ganadora del concurso de la canción inédita del año 1981 en el Festival Vallenato.
Tío paterno de Gustavo Castro Guerrero: abogado y economista; político, agricultor; presidente del Banco Ganadero; director de la Asociación Colombiana de Industriales de la Carne; También se desempeñó como empresario y consultor, ocupó tres veces una cartera ministerial, ejerciendo como ministro de Agricultura en dos ocasiones y ministro de Desarrollo.
Tío bisabuelo de José Santos Castro González, conocido como “Mello Castro”; administrador de empresas; alcalde de Valledupar; diputado y concejal.
Partida
Este personaje partió el 7 de marzo de 1982 a otro plano de mayor luz a los 86 años de edad en su lugar de residencia que estaba ubicada en la calle 16 N.º 7–20 diagonal al famoso Café La Bolsa, donde hoy existe el callejón de las artesanías del parqueadero Calle Grande. Sus restos se encuentran en el Cementerio Central de la ciudad de Valledupar.
Felicitaciones
Feliz día a todos los integrantes del cuerpo de contadores públicos que enaltecen el trabajo profesional de la Contaduría como ciencia al servicio del bienestar empresarial de nuestra sociedad. En este día es necesario hacer un reconocimiento a un ilustre colega que como pionero marcó el desarrollo de una profesión al igual que generó una descendencia familiar de notable contribución para el progreso cultural, social, empresarial y económico de Valledupar y también de la costa Caribe.







