Valledupar ha creado, quizás, la empresa cultural más exitosa e importante del país —empresa no solo en el sentido económico, sino en el designio de consolidarse como la capital mundial del vallenato—. No obstante, considero que el potencial que representa el vallenato no se ha aprovechado como corresponde. Me dedicaré al pilar fundamental que representa el vallenato para la internacionalización de la ciudad.
Hay que decir que esta expresión cultural —antes música de vaquería o música de acordeón y hoy vallenato— recoge una esencia de universalidad que también guardamos quienes vivimos el Caribe. En el caso del vallenato, responde a la convergencia de la “santísima trinidad”: guacharaca (indígenas), caja (africanos) y acordeón (europeos). Esa misma convergencia cimenta a la sociedad caribeña. Bien mencionaba Alex Castilla-Tobías — músico y filósofo vallenato— que “un francés puede ser muy culto, pero no más universal que un caribeño; nosotros somos universales porque en nuestra sangre hay indígena, europeo y negro: esa universalidad quedó plasmada en Cien años de soledad, que en palabras de Gabo es un vallenato”.
En ese sentido, nuestra vocación inherente es universal. Desde antaño Valledupar ha estado en constante intercambio con el mundo a través del Caribe. De tal manera que no concibo que en un mundo globalizado e interdependiente la ciudad no tome un papel activo en su relación con el extranjero. Nuestros dolores y nuestras oportunidades no los entienden Bogotá o Medellín; los comparten pares que están en la periferia del país, como nosotros, o en otras latitudes, y es con ellos que debemos establecer contacto.
Los cantantes de vallenato son nuestros embajadores predilectos. Muchos afuera conocen el vallenato, pero no Valledupar —lo que Alejandro Salazar llama “capital memético”: la capacidad de una idea, una marca o una expresión cultural de propagarse y generar valor por sí sola, separada de su lugar de origen—. Tenemos medio trabajo hecho, solo debemos completarlo. Es como aquel que pasa al lado de una panadería y es cautivado por el aroma del pan: solo falta lograr que entre a la panadería, invitarlo, mostrarle el camino.
Y no digo que no se haga, digo que se puede hacer más. Ya sabemos que Venezuela, Ecuador, la Florida y Monterrey son mercados fascinados por el vallenato. ¿Por qué no se impulsan más muestras culturales en esos destinos? Reconozco oportuno el evento que se organizó este año en Brasilia por parte de la Fundación del Festival Vallenato y la Embajada de Colombia ante ese país. También la iniciativa que nació desde el Concejo de Bogotá para abrir Vallenato al parque en la capital. Necesitamos más espacios como estos.
Pero el potencial no solo se ve desde afuera. En la ciudad misma, tenemos experiencias que respaldan las oportunidades que aún hay por atacar. Según datos de la Cámara de Comercio de Valledupar y la Alcaldía de Cali, el Festival registra el doble de visitantes que la Feria de Cali, aun con las limitantes que se presentan, como un aeropuerto con capacidad limitada y altos costos de pasajes. Si se tiene en cuenta que ambos eventos comparten un gasto promedio por viajero de 3 millones de pesos, y que Cali nos cuadruplica en población, entonces nos encontramos con que el Festival Vallenato logra atraer una proporción de turistas que, en comparación con el tamaño de Valledupar, supera el impacto económico proporcional de la fiesta caleña. ¿Se imaginan que contáramos con las capacidades de la capital vallecaucana?
Siguiendo el paralelo con Cali, desde la alcaldía se diseñó una estrategia para convertir la Feria en una plataforma de internacionalización; de hecho, pactaron un intercambio cultural con Puerto Rico. ¿Cuándo vamos a empezar nosotros? Reitero lo que he mencionado en escritos anteriores: somos parte de la Red de Ciudades Creativas de la UNESCO y debemos sacarle provecho, tenemos todo para ser líderes en la categoría de música.
El vallenato es nuestra identidad y cualquier estrategia de internacionalización exitosa se cimienta en la identidad del territorio. El futuro es prometedor y venimos sumando muchas victorias como ciudad. El mensaje que quiero dejar es claro: la ciudad, a través de la administración local, debe coordinar las acciones internacionales que se están dando desde los distintos sectores, empezando por el cultural. Para esto se necesitan personas expertas y voluntad política para construir una estrategia sólida y que genere resultados. Es momento para la diplomacia de ciudad de Valledupar.
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Colofón: Ya estamos en la antesala del Festival de la Leyenda Vallenata y esta es la última columna de Brújula de los cuatro aires sobre diplomacia de ciudades para Valledupar. Quiero agradecer a quienes he conocido y me han apoyado durante estos tres meses. En los próximos meses estaré compartiendo con la ciudad un Policy Brief con una hoja de ruta para la internacionalización de la ciudad. A la Alcaldía, la Fundación del Festival Vallenato, universidades, Cámara de Comercio, Alianza Francesa sede Valledupar, empresas, ONG con presencia en la ciudad y a la ciudadanía en general los invito a ser partícipes de la construcción de esta hoja de ruta, conversemos y trabajemos de la mano.
Por: Sebastian Manotas Garrido, Internacionalista con énfasis en política internacional y diplomacia, miembro de Paradiplomacia.org. sebastianmanotas@uninorte.edu.co






