Muchos días antes de que se supiera que la Corte Suprema de Justicia iba a llamar a indagatoria al Senador Álvaro Uribe Vélez, los acólitos del susodicho informaron que éste se había caído de un caballo en su hacienda y se había roto unas costillas y se afirma que le dieron más de un mes de incapacidad (dicen que la caída fue un pretexto).
A Uribe se le veía campante, dando declaraciones, y por esos días renunció de su curul al Senado, en lo que fue considerado otra patraña. A los pocos días recusó a los de la Corte y el proceso se fue dilatando. Vimos por los medios de comunicación a varios de sus áulicos políticos justificando la posición del senador y luego el mismo Uribe reversó su determinación. Quedó en la memoria de todos los colombianos otro mamarracho del antioqueño.
Cuando se iba a cumplir el llamamiento de la Corte, Uribe esgrimió otro as bajo la manga: recusó a los de la Corte y el proceso seguía dilatándose.




