Hoy las redes sociales y demás plataformas interactivas son medianamente sanas en su funcionamiento ético gracias a héroes silenciosos detrás de los intrincados algoritmos que hacen funcionar la cosa. Algunos contenidos altamente tóxicos se filtrarán temporalmente, escapándose en miles de nocivas descargas y difundiéndose por servicios de mensajería instantánea. Luego estos héroes ‘sin capa’, estos ángeles, llamados moderadores de contenido desaparecerán aquel terrible registro y todo seguirá igual.
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Los moderadores llevan la peor parte. Tienen que ver lo más degradante de la especie humana. Cuando empecé en esto del arte de escribir, tuve la oportunidad de ser alumno del poeta Luis Mizar, quien manifestaba que le encantaban mis cuentos porque “elevaba la degradación humana a la máxima potencia”. Pero creo que aquellas elucubraciones que me llevaban a escribir, son nada comparadas con las aberraciones y violencia sistemática que tienen que ver y escuchar quienes filtran videos, audios e imágenes, para tratar de hacer de las redes sociales un espacio relativamente sano.











