La casa de la Vieja Sara fue epicentro de encuentros y parrandas. Dos hijos músicos, los demás bondadosos amigables, y sus hijas hermosas, decentes y trabajadoras. Rafaela y Santa eran las dos mujeres mayores.
Aunque nunca aprendió a leer y a escribir, ‘La vieja Sara’ fue una pieza importante en el nacimiento de la dinastía Zuleta.