Porque después de una vida cumpliendo deseos ajenos, Elías finalmente consiguió el suyo.
Nunca pensé demasiado en ese gato hasta que comencé a escribir. Lo había encontrado entre unas cajas. Estaba mojado y temblando, tenía un pelaje completamente negro, excepto por una mancha blanca situada en su pecho.
Ciento veintiocho muertos y una desaparecida. ¿Dónde estará? Yo la encontraré, me cueste lo que me cueste.