La Semana Santa constituye la celebración más importante del año litúrgico cristiano, ya que conmemora la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, acontecimientos que forman el llamado Misterio Pascual, fundamento central de la fe cristiana.
Este tiempo sagrado inicia con el Domingo de Ramos, que recuerda la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, y culmina con el Domingo de Resurrección, celebración de la victoria de Cristo sobre la muerte. Durante estos días, la Iglesia Católica concentra toda su vida litúrgica en los acontecimientos finales de la vida de Jesús, invitando a los fieles a vivir un tiempo de reflexión, oración y renovación espiritual.
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Según las Normas Universales del Calendario Litúrgico, los días de la Semana Santa poseen precedencia sobre cualquier otra celebración religiosa. Esto significa que las festividades dedicadas a santos o beatos quedan en un segundo plano para concentrarse únicamente en el misterio de la redención cristiana.
El momento más importante de la Semana Mayor es el Triduo Pascual, considerado el período más solemne del año litúrgico. Inicia la tarde del Jueves Santo y se extiende hasta el Domingo de Pascua, celebrando, como una única acción litúrgica, la Última Cena, la Pasión, la muerte y la Resurrección del Señor.
Durante el Jueves Santo se recuerda la institución de la Eucaristía y el gesto del lavatorio de los pies; el Viernes Santo está dedicado a la contemplación de la Pasión y muerte de Cristo, y el Sábado Santo se vive en espera de la Vigilia Pascual, cuando la Iglesia celebra solemnemente la Resurrección de Cristo.
Las Normas Universales sobre el Año Litúrgico y el Calendario Romano establecen que el Triduo Pascual ocupa el primer lugar en el orden de precedencia de las celebraciones cristianas, por encima incluso de solemnidades y fiestas de santos.
La Conferencia Episcopal Española (CEE) recuerda que durante la Semana Santa no se realizan memorias litúrgicas ordinarias, ya que toda la atención pastoral debe dirigirse al Misterio Pascual, al sufrimiento, la muerte y la resurrección de Cristo, considerados el núcleo del culto cristiano.







