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La leyenda del cerro Pantanillo en el Cesar, la curiosa historia detrás del “pagamento” de las dos tinajas de agua

Todos los años, en cada Viernes Santo, la comunidad de Caracolí vive un peregrinaje lleno de tradición e historia, en el que los lugareños se preparan para un recorrido de fe cargado de compartir y alegría.

Cerro Pantanillo, Caracolí. Foto: Said Armenta.

Cerro Pantanillo, Caracolí. Foto: Said Armenta.

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Todos los años, en cada Viernes Santo, la comunidad de Caracolí vive un peregrinaje lleno de tradición e historia, en el que los lugareños se preparan para un recorrido de fe cargado de compartir y alegría. Subir el cerro Pantanillo es, quizás, el momento de mayor integración comunitaria, reuniendo a personas de todas las edades en torno a una misma práctica que ha perdurado por generaciones, y que fortalece los lazos entre quienes participan de esta experiencia.

El recorrido inicia desde muy temprano, algunos realizan su excursión a las cuatro de la mañana desde Caracolí hasta la finca El Planeta, situada a media hora del pueblo. Los feligreses madrugan para desafiar el imponente cerro antes de que salga el agobiante sol, que dificulta la escalada debido a las altas temperaturas, convirtiendo el ascenso en un verdadero reto físico que, sin embargo, es asumido con devoción y entusiasmo.

Al conquistar la cima, luego de reposar bajo los frondosos árboles, apreciar las hermosas vistas, tomarse las respectivas fotos del recuerdo y compartir dulces o merienda entre todos, los asistentes ofrecen una oración a Jesús de Nazareno. El acto se realiza reunidos en el centro del cerro, alrededor de una cruz metálica situada en lo alto, convirtiéndose en el momento más significativo del recorrido, donde de manera colectiva, se manifiesta la fe de todo un pueblo.

Surgimiento de la tradición

Esta tradición nace hace más de 65 años en el seno de la familia Freyle Gómez, constituida por Francisco Freyle Escobar y Rosa Gómez Romero. De acuerdo con información suministrada por un miembro de esta familia, subir el cerro Pantanillo surge a raíz de una promesa hecha por Francisco Freyle al Nazareno, luego de que uno de sus hijos mayores presentara quebrantos de salud, situación que marcó profundamente a la familia.

Feligreses en lo alto del Pantanillo. Foto: Humor caracolicero.

Feligreses en lo alto del Pantanillo. Foto: Humor caracolicero.

“Cuando mi papá tiene sus primeros hijos, uno de ellos sufrió una fuerte enfermedad; mi papá, al ver que no presentaba mejoras, le hizo una promesa al Nazareno, jurándole que, si su hijo se recuperaba de la enfermedad, él subiría a lo alto del Pantanillo con dos tinajas de agua al hombro, culminando el pagamento con una oración al llegar a la cima del cerro”, manifestó Francisco Luis Freyle, hijo de Francisco Freyle.

Feligreses iniciando el recorrido al Pantanillo

Feligreses iniciando el recorrido al Pantanillo

A partir de allí, Francisco comenzó a subir el cerro el Viernes Santo de cada año, convirtiéndose primero en una tradición familiar y, con el paso del tiempo, en una tradición del pueblo, que la fue apropiando como suya y sumándose al peregrinaje que nació del núcleo Freyle Gómez, consolidándose como una de las prácticas más representativas de la comunidad.

Quién fue Francisco Freyle, protagonista de esta historia

Francisco fue un hombre campesino de alma noble, gran amigo de sus amigos y ferviente amante de la música y su acordeón. Fue un compositor que le cantó a las maravillas de la naturaleza, la magia del río Garupal y el encanto de las mujeres, logrando plasmar en sus letras la esencia de su entorno y de su gente. Por todo esto, se ganó el seudónimo de “Turpial Sabanero”, ave que, al igual que las notas del acordeón de “Quico”, como lo llamaron sus familiares, alegra las mañanas en los valles.

Francisco Freyle,El Turpial Sabanero.  Foto: Maira Freyle.

Francisco Freyle,El Turpial Sabanero. Foto: Maira Freyle.

Fue ganador del primer Festival de El Paso, Cesar, en la categoría de canción inédita, y también del primer festival de Caracolí, realizado por Juan Gonzales Mena, con la canción Oh bello río Garupal. Como esta, fueron muchas las canciones que compuso en honor al afluente que bordea el pueblo, dándole la misma vida que Francisco le imprimía a los atardeceres con sus notas.

Hoy son muchas las anécdotas que se recuerdan de “El Turpial Sabanero” en su pueblo, y la tradición que heredó a su familia se mantiene viva, convirtiéndose cada año en una fecha especial. El pueblo gira en torno a la subida del Pantanillo, atrayendo visitantes de diferentes partes de la región e incluso del país, consolidándose como patrimonio inmaterial de una comunidad que también tiene su historia.

Por: Said Armenta

Temas tratados
  • Caracolí Cesar
  • Cerro Pantanillo
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  • patrimonio cultural
  • peregrinaje religioso
  • río Garupal
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