Cubrir las imágenes religiosas con telas moradas durante la Cuaresma y la Semana Santa es una tradición que cada año despierta curiosidad entre muchos fieles católicos. Aunque este acto no se trata de una norma obligatoria dentro de la Iglesia, es una práctica que posee un gran significado espiritual y litúrgico y que se ha mantenido durante siglos.
El origen de cubrir las imágenes se remonta aproximadamente al siglo XI, cuando comenzó a difundirse en diferentes templos europeos la costumbre de ocultar esculturas religiosas y crucifijos con telas moradas.
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