El nuevo periodismo es el mismo buen periodismo de siempre con alma de reportero que narra con destreza y estilo la verdad que acaece, el hecho. Pero es nuevo porque se sirve de nuevas tecnologías, no necesita la cámara fotográfica o la grabadora en mano, o llegar al teléfono para hacer el reporte al periódico o a la radio, ahora dispone de 3 y más cosas en un solo dispositivo en el que hace la fotografía, recoge el audio, transcribiendo el texto, y realiza el video, y lo manda ‘en tiempo real’, sí, real, no al medio: lo puede enviar en nombre de este o en nombre propio al lector, al oyente o al televidente.
Esa información fluye, se comunica de forma multicanal, multiplataforma. Asistimos a la modernidad, con sus insospechados tormentos y satisfacciones. Pero hay otro tipo de mal llamado periodismo, el de la mentira, los fakes; el del clickbait, expresión anglosajona que denomina la forma de titulación para generar curiosidad a la audiencia que cebada no se resiste a dar click, generando puntos de ingresos para el medio; o los llamados influencers, que, aunque los hay respetables, en su inmensa mayoría se valen de temas condimentados con el morbo y la banalidad.
El buen periodismo es actuar con libertad y con responsabilidad, dice el maestro Germán Rey.





