27 noviembre, 2020

Por el rescate de la Universidad Popular del Cesar

Es claro y evidente que hay un empobrecimiento ético de la institución; es urgente emprender una pedagogía institucional efectiva que impulse y rescate la ética en la UPC.

La Universidad Popular del Cesar es el principal centro de educación superior público del departamento. 

FOTO/ARCHIVO.

El año pasado, previo al inicio de la campaña por la rectoría, y en el marco de Diálogos de Ciudad promovidos por la Revista Enfoque Vallenato y su director, Dickson Quiroz, se realizó un conversatorio sobre el pasado, presente y futuro de la Universidad Popular del Cesar, UPC, con muy poca asistencia, entre otras cosas.

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Algunos de los presentes y que hicieron uso de la palabra quisieron dar relevancia a las pocas fortalezas que pueden existir en la UPC, en lugar de proponer soluciones a las muchas falencias y debilidades inocultables.

Mucho protagonismo individual de unos pocos que querían “sacar pecho” por algunos logros o resultados excepcionales, considerados positivos y pertinentes a la misión de cualquier centro de educación superior.

Pero el origen de todo lo grave que se vive en la UPC, y que se ha llevado por delante su razón de ser, es la entrega total de los estamentos universitarios a la rampante politiquería regional, la que reina y pulula en gran parte de nuestra sociedad. Desde hace años esa mala práctica, con la complacencia de muchos, ha venido haciendo metástasis y tiene a la universidad postrada, en cuidados intensivos.

Lo anteriormente mencionado lo corroboran los comentarios que sobre la UPC hace el doctor Simón Martínez Ubárnes, en reciente entrevista publicada en el diario EL PILÓN, en su edición del 3 de noviembre del presente año: “Lastimosamente la universidad está politizada en el peor sentido de la palabra, pues el manejo sectario que se le viene dando pone al margen lo académico para dar prioridad al favoritismo partidista, hasta al tráfico de influencias y al clientelismo”.

¿Cuáles son los verdaderos intereses que representan algunos miembros del Consejo Superior Universitario, CSU? Hay una impresionante y dañina puja de poderes, convirtiendo a la UPC en una especie de tinglado, en lugar de ser un sitio de divergencia, universalidad y de confrontación sana de ideas.

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La interinidad en el cargo de la rectoría al parecer ha acentuado el “fétido olor” de las artimañas o hilos movidos desde fuera del mismo claustro universitario. No hay coherencia entre los valores que se proclaman y los que se viven en realidad.

Se da prioridad al interés individual sobre el público; no hay el más mínimo respeto por la gran empresa del conocimiento y de la cultura, ni siquiera en las reuniones del CSU donde los improperios, amenazas y manipulaciones son parte del orden del día.

Es claro y evidente que hay un empobrecimiento ético de la institución; es urgente emprender una pedagogía institucional efectiva que impulse y rescate la ética en la UPC.

No basta con enunciar unos códigos éticos o con definir unos valores, pues “el papel aguanta todo”; hay que propender por establecer unas políticas, estrategias y prácticas que fomenten las acciones éticas y que permitan restablecer la confianza perdida, mediante unas bases que deben ser vividas, practicadas y experimentadas por todos, que sirvan para la toma de decisiones con la suficiente flexibilidad de acuerdo con las circunstancias o problemas que se estén enfrentando.

La participación del sector productivo en el seno del CSU debe al menos servir de faro en lo relacionado con la independencia y transparencia; eso es ya un gran aporte en medio del desgreño administrativo que impera en nuestra Alma Mater. En el seno del Comité Intergremial del departamento del Cesar se le ha dado a su actual representante, desde antes de sentarse en el CSU, las líneas gruesas que deben reflejar lo que cree y piensa el sector productivo sobre el manejo de la más importante institución de educación superior de nuestro territorio, buscando descontaminarla de la mala política; ojalá todos los demás miembros del CSU actúen en ese mismo sentido… porque “una sola golondrina no hace verano”.

Invitamos también, a todos los que tengan interés en participar de la toma de decisiones en la UPC, a deponer las actitudes y prácticas que han colocado nuestra Alma Mater en esta condición de inviabilidad con perjuicio de toda la comunidad académica, que al final somos todos los que habitamos su área de influencia, comunidad esta que también reconocerá en otros escenarios el actuar de cada quien.

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La responsabilidad también es de los medios de comunicación; con alguna frecuencia se leen, se oyen o se ven notas al respecto de este tema, que no tienen el rigor periodístico, el cual debe ser ajustado a la verdad de los hechos y antes por el contrario el contenido trae, así sea encomillado, la interpretación de quien hace la nota y esto también confunde. “La noticia es sagrada, el editorial libre”, decía un maestro del periodismo.

Desde el Comité Intergremial del departamento del Cesar seguiremos contribuyendo a las causas de interés superior de nuestra comunidad.

Por Comité Intergremial del Cesar.