OPINIÓN

El entierro de segunda para la “H”

Hubo “H” en lenguas como el fenicio, pueblo que inventó la escritura; los etruscos, los griegos, el árabe y, por supuesto, el latín, donde era “haca”, de la que llega al francés como “hache”, nombre con el cual aterriza en nuestra lengua. 

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El entierro de segunda para la “H”

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Un mítico grafema

La “H” (hache) es la octava letra del alfabeto en nuestra lengua castellana y su historia ha sido una de las más polémicas y conflictivas. La que usamos en castellano proviene del hebreo, denominada heth, con significado inicial de “cerrado” o “cerca”. Hubo “H” en lenguas como el fenicio, pueblo que inventó la escritura; los etruscos, los griegos, el árabe y, por supuesto, el latín, donde era “haca”, de la que llega al francés como “hache”, nombre con el cual aterriza en nuestra lengua.  Su representación inicial era como un vallado o una cerca, lo que podría dar cuenta de lo mucho que “atrancaría” la escritura ante la duda recurrente de si una palabra se escribe con o sin “H”. Recordemos que, aproximadamente, unas dos mil palabras de nuestra lengua la incluyen en su grafía.   

La mítica “H” se vuelve un problema porque el castellano es una lengua fonética, es decir, hablamos como escribimos y escribimos como hablamos. Un verdadero dolor de cabeza representa, entonces, las dudas ortográficas, precisamente, porque la “H” ni es una vocal (que suena sola), ni es una consonante (que suena con otras). Es la única letra “muda” de nuestra lengua, solo se pronuncia cuando se acompaña de la “C” para formar el fonema palatal “CH”.  

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