La caída de un árbol el pasado fin de semana alborotó un avispero en el que todos los vinculados al cuidado de la arborización de la ciudad son picados, se rascan la cabeza, pero ninguno ha asumido una responsabilidad directa sobre la tragedia sucedida en pleno norte de Valledupar.
No es la primera vez que ocurre un incidente de ese tipo, ha habido otros casos más graves que el del abogado Miguel Andrés Perea Arcia, quien desde el sábado está en estado crítico porque el árbol de caucho de la carrera 9 con calle 7C le cayó encima cuando transitaba por allí en una camioneta.
Recordemos que el 12 de diciembre de 2013, en inmediaciones del mercado público de la capital cesarense, murió Roberto Orozco Manotas, de 38 años, conductor de camión, al ser aplastado por un árbol conocido como corazón fino, que sucumbió desde su raíz al hacer contacto con un vehículo de carga pesada; el árbol estaba podrido y el fuerte roce lo llevó al piso. En nuestro archivos también está el caso del 13 de diciembre de 2017, cuando un motociclista de 51 años de edad resultó gravemente herido en la avenida Pastrana con calle 24, en el momento que la brisa decembrina derribó un árbol sobre esa transitada vía de esta ciudad. Hay otros casos recientes que no detallamos por espacio, pero no podemos dejar de recordar los incontables episodios de árboles caídos en las vías públicas, sobre edificaciones y redes eléctricas durante las recientes temporadas de lluvia.





