Después de la experiencia nefasta del gobierno venezolano, vivido en nuestras calles, sobre todo en los fronterizos departamentos de La Guajira y Cesar, se ha generado un debate en la izquierda, la cual no desea tener como referencia a los regímenes que han acentuado la pobreza.
Cuando muchos creían que el nuevo presidente de Chile, Gabriel Boric, por su juventud y participación en las protestas, venía con una carga de extremo radicalismo, todos quedaron sorprendidos. La semana pasada se reunió con los empresarios.
Para intentar calmar las altas expectativas afirmó: “Es importante que todos ponderemos las expectativas”. Sobre lo que entiende por radicalidad, dijo que “ningún cambio estructural se logra de la noche a la mañana. La radicalidad no está en quien grita más fuerte, ni en quién más adjetivos pone a sus oraciones, o cuántas esdrújulas pone en sus discursos. La radicalidad está en la capacidad de convocatoria, en hacer sentido a grandes mayorías sostenibles en el tiempo, y que haga de las reformas grandes consensos en la sociedad que nos permitan una vida más justa”.





