En las últimas semanas, en Valledupar y el Cesar, lamentablemente, se han registrado varios casos de suicidios, que deben ser un signo de alarma detrás del cual puede haber distintos problemas de carácter sicológico y social.
Nos atrevemos a afirmar que Colombia es un país propicio para tener una alta población de enfermos mentales, debido a problemas como la violencia histórica y múltiple, su alta pobreza, su inequidad y fraccionamiento social y debería contar con una política nacional de salud mental y atender de mejor manera a los enfermos de las distintas patologías propias de la siquiatría y de la sicología.
Los medios de comunicación de la región hemos registrado, cada cual desde su perspectiva, estos hechos que enlutan a decenas de familias y además les deja una pena moral y social por la decisión de la persona que opta por esa fatal decisión.
El suicidio ha sido, es y será un complejo y delicado tema; objeto de discusión de filósofos, sicólogos, siquiatras y otros tipos de profesionales. En nuestra opinión, más allá de todas esas disquisiciones, es un problema de salud pública y como tal debe ser atendido por el gobierno nacional y todo el Sistema Nacional de Seguridad Social en Salud.
Pero tenemos suficientes elementos de juicio para poder decir categóricamente que el tema de la salud mental ha sido mirado de manera despectiva por el propio Ministerio de la Protección Social y por el Sistema de Salud. El país no tiene una política de salud mental, el tratamiento que se les brinda a los enfermos mentales es represivo y dista mucho de contar con las últimas terapias y procedimientos del mundo moderno.
Los problemas mentales no están considerados de manera taxativa en el Plan Obligatorio de Salud, y así lo reconoce el propio Ministerio del ramo. Además, las Entidades Promotoras de Salud (EPS) no tienen políticas de prevención en esta materia y son pocas las Instituciones Prestadoras de Servicios de Salud, públicas y privadas, que cuentan con departamentos especializados en el tema siquiátrico.
En el caso del departamento del Cesar, por ejemplo, no tenemos una unidad de atención en materia de salud mental y la gran mayoría de los enfermos mentales tienen que ser remitidos a Barranquilla, Bucaramanga o Bogotá. Esa es la realidad.
Ahora bien, las Secretarías departamental y municipal de salud, han anunciado que dispondrán de una serie de estrategias puntuales para atender a las personas que lleguen a ese punto de desesperación que es pensar en el suicidio, con líneas telefónicas y algunos puntos de atención personal.
En verdad celebramos la expresa preocupación de las autoridades locales, en las cuales tendrán el valioso apoyo de la iglesia católica; pero consideramos que este debe ser sólo el principio y que falta mucho más por hacer.
En primer lugar, insistimos, se requiere esa unidad de atención en salud mental para todo el departamento del Cesar. Segundo, se debe articular una política de promoción sobre el tema con el Ministerio de la Protección Social, comprometiendo a esta dependencia que, reiteramos, poco viene haciendo sobre el particular.
Y tercero, es necesario vincular a las EPS que operan en el Cesar y a todas las IPS, tanto públicas como privadas, en una programa de alertas tempranas para brindar atención a la población que por su edad, condición social o situación de vulnerabilidad presente mayor riesgo de sufrir enfermedades de carácter mental.
Estrategias como la promoción del deporte recreativo, la cultura y el sano esparcimiento pueden servir para construir estilos de vida sanos, también en esta materia. El sistema educativo, en todos sus niveles, y las empresas deben vincularse en este tipo de programas.
Por supuesto, de nuestra parte y como medio de comunicación social, estamos dispuestos a colaborar en la divulgación de estas políticas y en apoyar a las autoridades públicas y a las instituciones privadas que deseen trabajar para persuadir al suicida potencial y a su núcleo familiar, fundamental en todo este tipo de procesos.
Y la idea es informar de manera responsable sobre estos temas, pero nuestro compromiso número uno es con la verdad y esta es la que fundamenta la credibilidad ante nuestros lectores, principal activo de cualquier medio de comunicación; pero no compartimos la tesis que informar sobre el suicidio genere más suicidios. Como se dice popularmente, “la fiebre no está en las sábanas”, y por eso insistimos en que el suicidio debe ser considerado un problema de salud mental y que así debe ser asumido, en primera instancia, por el Estado y por las distintas instituciones que integran el Sistema General de Seguridad Social en Salud.
Suicidio, salud mental e información
En las últimas semanas, en Valledupar y el Cesar, lamentablemente, se han registrado varios casos de suicidios, que deben ser un signo de alarma detrás del cual puede haber distintos problemas de carácter sicológico y social. Nos atrevemos a afirmar que Colombia es un país propicio para tener una alta población de enfermos mentales, debido […]
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