Ya sin la presión de la rutina diaria, desprendidos de los acostumbrados intereses particulares por los que solemos movernos, en un ambiente familiar y de amistad, qué bueno sería que en esta noche de Navidad hiciéramos el ejercicio de desarrollar una agenda temática que nos permita valorar y rescatar las cosas buenas del pasado, dimensionar lo que tenemos en el presente y con base en ello “quemar corriente” sobre la Valledupar que todos queremos.
No todos los días tenemos la oportunidad de sentarnos a conversar con familiares y amigos, sin pantallas, sin discursos prefabricados, sin cálculos políticos o de cualquier otra índole, para simplemente compartir esta fecha especial. Pero importante resultaría que esta ocasión la aprovechemos para reconocer aciertos y errores, agradecer lo recibido y comprender mejor a quienes nos rodean y las distintas circunstancias vividas.
En medio de esa noche de Navidad, de luces, mesas servidas y rituales que se repiten casi de forma automática, reconozcamos la importancia de hacer la pausa, revisar cómo podemos contribuir a detener el ruido cotidiano, las imprudencias viales, el deterioro del medio ambiente, nuestro comportamiento en las calles, el uso de los recursos públicos, el cuidado de las cuencas hidrográficas, de los árboles y todo aquello que ayude a hacer de Valledupar una ciudad mejor.
Sin dejar de compartir y disfrutar todo lo bueno que brinda la Noche Buena, propongámonos hacer de ella una especie de tertulia que nos permita revisar lo vivido durante el año, valorar lo que somos, lo que tenemos y apersonarnos de aspectos que en la rutina diaria pasan desapercibidos.
Es una fecha para agradecer por la salud, la familia, la amistad, el tiempo, la empatía que nos brindan nuestros semejantes y demás valores que deberíamos potenciar para procesos colectivos y en bien de Valledupar. Es sacarnos de la mente que la responsabilidad de todo lo público y la buena convivencia es solo una tarea de la institucionalidad.
Dejemos de lado la urgencia de lo inmediato y pensemos con detenimiento en cómo visionamos a Valledupar como ciudad y como comunidad, rescatando las buenas tradiciones como la solidaridad barrial, el respeto por el otro, las celebraciones sencillas pero cargadas de sentido, la música, la parranda sana y todo aquello que nos formó como sociedad y que hoy sigue siendo necesario tener en cuenta para fortalecerla.
Debemos ser agradecidos con Valledupar, una ciudad considerada como un buen vividero, con una riqueza cultural reconocida, con talento joven, con una identidad que sigue siendo motivo de orgullo, una capital que ha avanzado en infraestructura, en educación, en visibilidad nacional e internacional, eso hay que reconocerlo como buenos logros para no caer en el pesimismo fácil ni en la descalificación constante de lo nuestro.
La invitación es a asumir con empeño el compromiso ciudadano, la corresponsabilidad entre Estado y comunidad, el cuidado del espacio público y la protección de nuestro patrimonio ambiental como el río Guatapurí y las distintas zonas verdes de la ciudad, los parques y plazas públicas, los escenarios culturales y deportivos, además del buen manejo de las basuras y toda clase de residuos sólidos, en especial en las calles.
Recordemos que las grandes transformaciones comienzan con conversaciones sinceras. Si en cada hogar vallenato se hablara, aunque sea un poco, de cómo rescatar lo mejor del pasado, fortalecer el presente y proyectar un mejor futuro, Valledupar estaría dando un paso importante hacia la ciudad que todos soñamos. Eso se puede lograr construyendo juntos.
