EDITORIAL

Principio de autoridad

Se ha vuelto costumbre en Valledupar, lamentablemente, que las vacaciones escolares, tanto de mitad como de fin de año, se vean empañadas por la ocurrencia de accidentes de tránsito, asociados, algunas veces, al consumo de trago o a los excesos en la forma de manejar de algunos jóvenes. El problema no es sólo de nuestra […]

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Se ha vuelto costumbre en Valledupar, lamentablemente, que las vacaciones escolares, tanto de mitad como de fin de año, se vean empañadas por la ocurrencia de accidentes de tránsito, asociados, algunas veces, al consumo de trago o a los excesos en la forma de manejar de algunos jóvenes.
El problema no es sólo de nuestra ciudad, valga la aclaración, sino que afecta a todo el país. Ocurría mucho en Bogotá, pero gracias a las tareas que en materia de cultura ciudadana realizó Antanas Mockus, durante su administración, a través del programa como la hora zanahoria, se redujo la accidentalidad y también el número de muertos y heridos asociados a estos hechos.
En Valledupar, lo comentamos aquí en estas mismas páginas, el lanzamiento del CD de Silvestre Dangond, Cantinero, por ejemplo, generó algunos excesos y produjo varios muertos, incluyendo a las dos parejas que murieron por ahogamiento en las aguas del Río Badillo. Pero fueron los hechos ocurridos en la madrugada del 20 de junio, en víspera de elecciones, los que más conmocionaron, y con razón, a la ciudad por el fallecimiento de dos jóvenes: Ivanna Yamín Sánchez, hija de una reconocida y querida familia de Valledupar, y su amiga, Carolina Consuegra, barranquillera, quien había venido a pasar algunos días con su amiga en la capital del Cesar. Somos solidarios con el inmenso dolor que embarga a estas dos familias.
Ante estos hechos, en los cuales las autoridades tienen indicios de consumo de licor, a pesar de que regía le ley seca, como por la ocurrencia de otros similares, e igual de lamentables, las autoridades civiles y de Policía del municipio han anunciado una serie de medidas encaminadas a evitar estos fatídicos accidentes y a cuidar la integridad de personas que apenas están comenzando a vivir y tienen todo un futuro por delante.
En efecto, ha anunciado el secretario de Gobierno Municipal que los jóvenes menores de edad en sitios en los cuales está prohibido que les vendan licor, o conduciendo con algún grado de consumo de licor, serán conducidos al Centro de Recepción y Observación del Menor Infractor (Cromi), hasta tanto sus padres vayan los recojan y firmen un acta de compromiso con las autoridades, sobre la conducta de los muchachos.
Además, también habrá más controles y sanciones por parte de la Policía sobre los conductores y vehículos, en los sitios reconocidos en la ciudad por dedicarse al expendio y consumo de licor. No dudamos de que estas medidas están bien encaminadas, pero consideramos que las mismas debieron adoptarse antes, y deben mantenerse de manera permanente, independientemente de la temporada de vacaciones.

Las autoridades no pueden ser laxas frente a la prevención y el control de la mezcla de alcohol y gasolina, como se dice popularmente; con mayor razón en los casos en los cuales conductores y pasajeros sean menores de edad. Adicionalmente, es necesario intensificar esos controles en zonas como el popular Miami, el Parque Lineal, entre otros, que los muchachos han asumido como lugares en los cuales “todo se vale”. La situación es más grave en épocas de Festival y en vacaciones, insistimos.
Adicional a lo anterior, consideramos que tiene mucha razón el secretario de Gobierno, Rober Romero Ramírez, en el sentido que el primer control lo tenemos los padres de familia. “Somos los padres de familia los primeros responsables de lo que hagan nuestros hijos, y no podemos entregarles los carros o permitir que consuman licor, sin el control debido, para que no se registren hechos que lamentar”.
Los grupos de padres de familia, efectivamente, es mucho lo que pueden hacer de manera coordinada para evitar que los jóvenes tomen cuando conducen, para acordar una hora para recogerlos, estimular el uso de taxis o escoger a una persona que conduzca y no tome, sea de la casa, un mismo padre, un amigo o un empleado, entre otras alternativas.
En este mismo sentido, es mucho lo que se puede hacer desde la comunidad educativa, impartiendo a los jóvenes  charlas sobre la necesidad de moderar el consumo de alcohol, hacerlo hasta una hora determinada y con mayores precauciones; por supuesto, también hablarles del riesgo de las drogas y otros temas propios de este grupo de población.
El control de la rumba y la diversión de los muchachos es un tema de autoridad, en todo sentido; pero no sólo la autoridad de la Policía, que requiere el apoyo solidario y vertical de todos, sino también del principio de autoridad en la casa y en las escuelas y colegios.
Reflexionemos, hasta que punto existe hoy, en algunas familias más que en otras, excesiva libertad con los niños y muchachos, no sólo frente al tema del trago y el uso de los vehículos, sino ante los juegos electrónicos, el acceso a internet, la televisión, etc. Así, a algunos les parezca retrógrado debemos volver a insistir en ese principio de autoridad que, reiteramos, en algunos hogares, parece que se hubiera perdido.

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