Es francamente preocupante que el ciudadano Heriberto Urbina Lacouture no haya sido liberado, por circunstancias y hechos en los que las autoridades y personas del centro del departamento coinciden en que su secuestro fue una acción del frente Camilo Torres del autollamado Ejército de Liberación Nacional, ELN.
Es esta organización rebelde alzada en armas contra el Estado, y por estos acontecimientos decimos que contra civiles indefensos, ya de avanzada edad, la misma que adelanta conversaciones con el gobierno del presidente Gustavo Petro, con el fin de alcanzar por la vía del dialogo y los acuerdos terminar sus hostilidades después de décadas infructuosas en la medida en que cada día se aleja más del fin primordial de un grupo de su tipo que es el de alcanzar el poder.
Los pronósticos sobre la voluntad real de los llamados ‘helenos’ son variados, múltiples y complejos. Los más optimistas han visto en que con Petro al fin esos diálogos de altibajos e interrupciones iban a hallar buen cauce común.
Pero el ELN ha hecho quedar mal, no en pocas ocasiones, al mismo Presidente que llegó al grado de confianza de anunciar en diciembre un acuerdo de cese al fuego, el cual fue desautorizado públicamente por ese grupo armado ilegal.





