EDITORIAL

La interinidad fiscal

El colmo de los colmos. Un país como Colombia, con uno de los mayores niveles delincuenciales y de impunidad, lleva casi 12 meses con un fiscal en calidad de interino. El recuento puede sintetizarse. El periodo del último fiscal, Mario Iguarán, se venció en julio de 2009, y desde entonces, en una interminable, vergonzosa y […]

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El colmo de los colmos. Un país como Colombia, con uno de los mayores niveles delincuenciales y de impunidad, lleva casi 12 meses con un fiscal en calidad de interino.

El recuento puede sintetizarse. El periodo del último fiscal, Mario Iguarán, se venció en julio de 2009, y desde entonces, en una interminable, vergonzosa y perversa medición de pulso entre la Corte Suprema de Justicia (CSJ), encargada de elegir, y la presidencia de la República, nominador mediante terna, la interinidad se ha ido prorrogando una y otra vez en un acto irresponsable e indolente.

La terna inicial – Camilo Ospina, Virginia Uribe y Juan Ángel Palacio – ha sido a cuenta gotas modificada en su totalidad al desmayar los originales por físico cansancio luego de un centenar de simulacros de intentonas al no alcanzar ninguno de los ternados la votación calificada de las dos terceras parte de la corporación plena.

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