EDITORIAL

Fecha obligada para revisar nuestra historia desde la academia

En una de las paredes externas del Colegio Nacional Loperena, de Valledupar, está un mural con una frase de nuestro nobel de literatura Gabriel García Márquez que dice: “Todo lo que sé lo aprendí en el bachillerato”. Ese mensaje de Gabo es muy diciente y recalca el importante papel que desempeñaban las instituciones educativas del […]

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En una de las paredes externas del Colegio Nacional Loperena, de Valledupar, está un mural con una frase de nuestro nobel de literatura Gabriel García Márquez que dice: “Todo lo que sé lo aprendí en el bachillerato”.

Ese mensaje de Gabo es muy diciente y recalca el importante papel que desempeñaban las instituciones educativas del nivel secundario en el proceso de aprendizaje de nuestros jóvenes. En otrora, alcanzar un título de bachillerato significaba cierta distinción académica, lo cual está reflejado en la canción ‘El bachiller’, del maestro Escalona, que en uno de los apartes de su letra reza: “Como yo no tengo diploma de bachiller, en el valle dicen que no puedo enamorar, miren como aprecian las mujeres el papel…” y luego complementa: “Porque eso sí es digno de compadecer, todo el que no tenga diploma de bachiller”. También refuerza ese concepto la canción ‘La colegiala’, de Julio de La Ossa.

Traemos a colación estas alocuciones para dimensionar la función primordial de enseñanza que cumplían, y que deben seguir cumpliendo, los planteles educativos del nivel secundario, o de bachillerato como se les llamaba, en especial en los temas relacionados con nuestra historia. Era en esa fase en la que el joven formaba gran parte de su intelecto, su capacidad de análisis y comprensión del mundo que lo rodea.

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