Si algún video pudiera registrar qué es para nosotros la paz total mostraría simbólicamente a los ciudadanos Ricardo Palmera y Rodrigo Tovar caminando tranquilamente por las calles del centro de su ciudad, Valledupar, sin escoltas, hablando espontáneamente con la gente, después de años en laberintos de hierros, paredes y privaciones, a causa de su desbordado protagonismo en el infierno de la violencia de Colombia.
En medio de la audaz propuesta del gobierno Petro para superar un conflicto de violencias entrecruzadas y recicladas, de protagonistas de todo cuño, también de ‘segundas oportunidades’, no se entendería que los dos vallenatos más metidos hasta la coronilla, con clara pero opuesta motivación ideológica, en las cadenas ineludibles de la más reciente y aciaga época de violencia, continuaran tras las rejas.
Injusto, estamos hablando de la institución de la justicia, porque mientras sus cárceles han sido en un país extranjero, los Estados Unidos, casi todos sus compañeros la han pasado en colombianas, con menores penas, y ya están libres.





