El pésimo desempeño de la casi totalidad de los sectores económicos que todos veníamos advirtiendo quedó ahora ratificado con las cifras publicadas por el Dane, y que señalan que nuestra economía entró en números rojos. Franca recesión que se agravará en el último trimestre.
Por su impacto en el empleo y como dinamizador de múltiples sectores, la vivienda constituye el primero en atraer la atención para exigir del Gobierno respuestas oportunas y suficientes. Pero eso es precisamente lo que ha faltado. Las ventas caen en 47 %; las viviendas iniciadas, igualmente, en un 61,4 %, y las licencias de construcción, en casi un 50 %. Los desistimientos crecieron en un 83 % o, lo que es lo mismo, ceca de 35.000 familias tuvieron que renunciar al sueño de tener su casa. Miles y miles de empleos perdidos. Me sumo a los que afirman que este sí es el verdadero cambio.
Todo esto es el resultado de una pésima política pública sectorial, de la improvisación, de la incapacidad de ejecutar los recursos que estaban disponibles, de una persecución a los empresarios y de otras decisiones que han desestimulado la actividad.




