COLUMNA

‘Vivir sabroso’

Fue a partir de 1958 que la mujer pasó a ser parte activa de la política colombiana

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El voto político, en su valor y significado, está en deuda con la mujer colombiana, ya que es muy poco lo que ha aportado para el reconocimiento de sus derechos y la apertura de caminos que la lleven a una total independencia y libre ejercicio de las garantías que le son reconocidas en la Constitución Política y la Ley.

Fue a partir de 1958 que la mujer pasó a ser parte activa de la política colombiana; al menos, a partir de ese año tuvo acceso al sufragio, lo cual constituyó un gran paso porque pasó a ser parte del interés de los gobiernos, los cuales sabían del potencial electoral de la mujer que en el Plebiscito de 1957 se expresó con un 50% aproximado de los votos depositados. Aun así, si bien ha ocupado cargos importantes los mismos no incidieron en la situación de la mujer en Colombia.

Por estas y otras razones se estima que ha llegado la hora para que una mulata, afrodescendiente, como Francia Márquez se convierta en la vicepresidenta de Colombia y genere la valoración de todas las mujeres, porque en pocos meses se ha convertido en una fémina valiosa para la democracia y podría obtener que la mujer (sin distinciones) acceda a una Colombia justa y equilibrada.

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