El lapso que va desde los inicios del derecho hasta hoy si por algo se ha caracterizado es porque de antiguo en una sola persona se concentraban todos los poderes incluyendo el religioso y es así que se era sacerdote, jefe de la tribu, justicia y jefe guerrero, condiciones aceptadas por la colectividad.
Ese ejercicio totalitario funcionaba bien porque los acontecimientos estaban restringidos a pequeños grupos y territorios, pero la humanidad evolucionó y lo primero que hizo el jefe guerrero y de tribu fue despojarse de su interlocución directa con los dioses y entonces nació la casta sacerdotal.
La población creció y el territorio se expandió y ello aparejó complejidad en las relaciones sociales y surgió la necesidad de especializar y limitar a quien ejercía el poder, tema que llegó a la cumbre cuando se concibió y se puso en práctica la división de las ramas del poder público y se dijo que eran tres : la legislativa, la judicial y la ejecutiva, conforme lo estableció Montesquieu en “El Espíritu de las Leyes”. Lo que ha sido acogido por las democracias occidentales preservándolo como la columna principal de la organización social.




