Por Claudia Patricia Núñez Padilla
Lo que hace poco tiempo nos parecía extraño y hasta de alguna manera exótico porque era más común verlo en ciudades como Bogotá ó Medellín, se ha convertido tristemente en la realidad de Valledupar, sus calles, andenes y semáforos se encuentran invadidos por personas adultas, de la tercera edad y niños en estado de mendicidad y completo abandono, pidiendo limosnas, durmiendo en el pavimento, a la intemperie, haciendo cuanto malabares y piruetas en los semáforos, aún arriesgando la vida.
Sin lugar a dudas este no es precisamente la imagen que una ciudad como Valledupar, a la que últimamente han llegado empresarios interesados en invertir desea mostrar, pero lamentablemente es así, y lo peor es que ante el fenómeno creciente de más y más personas en ese estado, algunas inofensivas y otras que pueden ser de alta peligrosidad, no exista una política pública para lidiar con esta situación que estamos en mora de pararle el macho antes de que se nos vuelva inmanejable, así como nos pasó con el mototaxismo que ante la falta de autoridad y oportunidades labores se nos creció de tal manera que hoy la ciudad vive atestada de motos con las consabidas consecuencias que producen en el caos vehicular en que se ha convertido Valledupar.




