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Valledupar, la ciudad y los perros

La novela en Valledupar tiene otra connotación y son los perros callejeros, lo que llamó la atención del alcalde Mello Castro, para dignificarlos con la construcción de un Centro de Bienestar Animal.

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Extirpar cualquier asomo de humanidad. Lo despreciable e irracional es lo que enfoca el Nobel de literatura, el peruano Mario Vargas Llosa. Un perro es, entonces, aquél que obedece a ciegas, el que se degrada, el digno de desprecio, lo despreciable, la mansedumbre: “Los perros eran muy mansos, tenían eso de malo”. Quien no se hace respetar encarna, entonces, la esencia del ser perro. 

La novela en Valledupar tiene otra connotación y son los perros callejeros, lo que llamó la atención del alcalde Mello Castro, para dignificarlos con la construcción de un Centro de Bienestar Animal. 

Plausible idea, porque otra cosa es el boom de las mascotas con las que conviven muchos hogares, realidad de la que se ocupó el Papa Francisco, al punto de llegar a criticar en su momento que parejas tengan “perros y gatos en lugar de hijos”. 

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