COLUMNA

Una historia de progreso regional (Primer parte)

Parece que a los cien años las historias se develan en mejor forma y sin los misterios sociales amparados por resentimientos, pero si examinados por la realidad, sin omitir detalles, pues la sabiduría y el perdón dominan los momentos de la plenitud de la vida que inducen a expresar la verdad, bondades y acciones de […]

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Parece que a los cien años las historias se develan en mejor forma y sin los misterios sociales amparados por resentimientos, pero si examinados por la realidad, sin omitir detalles, pues la sabiduría y el perdón dominan los momentos de la plenitud de la vida que inducen a expresar la verdad, bondades y acciones de los seres humanos que no se pueden esconder a los ojos de una comunidad por lo cual se realizaron esfuerzos para un mejor bienestar de sus ciudadanos. 

Y voy a referirme a un ciudadano ilustre que sin ambages ni mentiras fue apreciado por su entorno que siempre admiró sus virtudes, su capacidad de acción y su entereza por el progreso regional, antes que sus defectos; me refiero a don Jorge Dangond Daza, hijo de Villanueva, La Guajira, quien bajo sus primeras letras dirigidas en el famoso colegio de entonces Rafael A. Amaya y un bachillerato alcanzado en el Colegio San Bartolomé de Bogotá y bajo una escasa preparación profesional, pues hizo un primer año de derecho y ciencias Políticas, que fueron suficientes para que escalara a nivel regional y nacional en las direcciones políticas y administrativas como alcalde de Valledupar, gobernador del Cesar, representante a la Cámara y senador de la República en representación del Partido Conservador. No entiendo por qué en otros tiempos, algunas personas y grupos sociales subestimaron la actitud progresista de este político eminente que forjó la historia en parte del Partido Conservador del Cesar y de la provincia.

¡Ah si!, los manejos mediocres de un celo político y social desmedido, pues estaban al frente de un hombre emprendedor que imponía respeto, quien siempre me decía: la gente acá habla mal de los demás solo por hablar, pues no tiene más nada que hacer. Eso sí, nunca renunció a su felicidad y la de su familia por comentarios desfasados de sus opositores, que al final comprendieron su grandeza.

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