El mundo está ante un punto de inflexión y no se ha dado cuenta. Hay erupciones de pensamiento en todas las latitudes advirtiendo los grandes cambios a corto plazo. La inteligencia artificial (en adelante IA) de libre código, y aquella de código protegido, está cambiando lenta y paulatinamente la forma como se genera y transmite el conocimiento. Se corre el riesgo de volver al ser humano más dependiente de ella, volviendo inexorable e incuestionable sus programados resultados y sintaxis lógicas por encima de los postulados, reflexiones y silogismos que se generan de las relaciones interpersonales reales.
En un mundo hyperglobalizado donde herramientas aceleradas provocan cambios imperceptibles a cada minuto, el conocimiento adquirido de la forma tradicional queda inoperante frente a la evolución disruptiva de nuevas interacciones humano-tecnológicas. Incluso, la definición de conceptos, necesarios para la comunicación humana, queda un paso atrás.
Por citar un ejemplo, mucho se usa el concepto de recursos naturales cuando hay un término más integral y funcional como es el de bienes y servicios ecosistémicos. No obstante, muchos textos y esquemas de enseñanza siguen empleando el término antiguo. Utilizar conceptos pseudobsoletos puede estancar la forma de cómo la sociedad percibe las nuevas realidades, no operativizándolas ni incorporándolas en su accionar diario. Y este es solo un trivial ejemplo.




