Por Mary Daza Orozco
Se trata de descansar del periodismo activo, con la columna de opinión se cree que se reposa una vida dedicada al oficio, pero no, hay sucesos y personas que nos mueven a seguir contándole historias de vida al mundo. Vidas que se presienten plenas, nutridas con oficios nobles, con alimento intelectual permanente; vidas que valoramos en una charla o en el reconocimiento permanente, vidas, al fin y al cabo, que nos llaman la atención más que las demás, y es cuando surge el deseo de escribir sobre ellas, de hurgar en eso que no se sabe qué es, pero que se nos hace fascinante.
Nos atrevemos a solicitar una entrevista, a mis años, sin timidez, de frente: quiero contar sobre usted, es ejemplo en su profesión, es arquetipo para los que vienen empujando (el cambio generacional). La respuesta es sí, siempre, pero es común encontrarse con personas que huyen o simplemente no desean ser objeto de un reconocimiento por más honesto que se les ofrezca; de esa forma se frustra una entrevista que siempre se ha querido hacer y los lectores se pierden de saber que hay personas que han hecho su existencia fecunda en servicio a los demás, en acrecentar día a día su cultura general, en anécdotas antológicas, personas que han vivido mucho, no por años sino por la intensidad que le han puesto a sus actos.




