Habiendo establecido que hay más tierra en ganadería que en agricultura, aunque no tanta como se afirma y no por capricho, sino por falta de condiciones productivas para la agricultura, cabe reseñar esas condiciones ausentes, que afectan la competitividad y el acceso al mercado, ese conjunto de personas que comprarían nuestro producto por su disponibilidad, calidad y precio, por su poca afectación al ambiente y, tratándose de alimentos, porque su inocuidad. En suma, porque es competitivo.
La competitividad del país es la capacidad de aprovechar las ventajas comparativas, como cercanía a mercados, tierras, agua, etc., generando condiciones de producción, a cargo del Estado, que incentiven la iniciativa privada. ¿Cuáles son esas condiciones?
Somos uno de los siete países con mayor disponibilidad de tierras (FAO 2012), pero no hay un programa que financie su adecuación. Los 5 millones de hectáreas de la altillanura de Meta y Vichada son, en su mayoría, tierras que exigen una inversión multimillonaria o, en su defecto, su destinación a ganadería extensiva; y ese ganadero no es improductivo; la improductiva es la tierra.




