COLUMNA

“Soy, porque somos”

Que una mujer afro quede embarazada en plena adolescencia, es un problema de nunca acabar; que logre salir adelante, sola, con la crianza de sus hijos, pues puede sonar como un logro importante, pero muchas madres solteras lo han hecho, y no le ponen tanto drama al asunto.

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Que una mujer afro quede embarazada en plena adolescencia, es un problema de nunca acabar; que logre salir adelante, sola, con la crianza de sus hijos, pues puede sonar como un logro importante, pero muchas madres solteras lo han hecho, y no le ponen tanto drama al asunto.

Empero, si a lo anterior le agregamos, nacer en una familia de escasos recursos, sin posibilidades de estudio, y para colmo en una zona de conflicto, el asunto empieza a complicarse, y las posibilidades de éxito se reducen considerablemente. Esas fueron precisamente las circunstancias que le tocó vivir a Francia Elena Márquez Mina, nacida en Suárez, Cauca, hace 40 años, rodeada de pobreza, ganándose la vida como doméstica en la ciudad de Cali, donde recibió maltratos y humillaciones, que la obligaron a retornar a su terruño e iniciar un largo camino en su lucha por la reivindicación de los derechos de las negritudes cuando frisaba los 13 años.

La primera de sus grandes batallas fue oponerse al cambio del cauce del río Ovejas, dentro del proyecto de embalse La Salvajina, obra hidroeléctrica sobre el rio Cauca, finalizada en 1985 que genera 270 MV. Pues bien, se enfrentó a la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca, CAV, para defender no solo ese cuerpo de agua del cual dependían pescadores, agricultores y mineros artesanales, sino evitar el desalojo de su comunidad. 

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