Después de los resultados del 13 de marzo esta es la situación de la extrema izquierda.
Petro ganó pero no ganó. Así de simple. Es fácil saber que quedaron muy preocupados él y su libretista predilecto, Gustavo Bolívar: el mismo que no paga a sus contratistas por los trabajos que realizan en sus negocios, los mismos negocios que se nutren del neoliberalismo que él tanto dice combatir; el mismo que ha escrito series que muestran al mundo “lo mejor” de nosotros; el mismo que tiene una mansión en Miami.
Petro estaba serio en su discurso del domingo 13, parco, ni una sonrisa se le vió; ni siquiera fue amable con su familia, ahí presente. Y Bolívar, al ser entrevistado, mostró rabia y profunda preocupación. Hicieron cuentas alegres, derrocharon prepotencia y optimismo y se dieron cuenta de que sí existe memoria colectiva en el pueblo colombiano. No van a ganar.




