Los colombianos estamos persuadidos de que usted no es un hombre de ambiciones económicas; no es un hombre de negocios; no es un político de lucros personales o familiares que tiene a la actividad política como un trabajo oneroso. No. Es usted un hombre sensible, pero quimérico por su formación ideológica.
Definitivamente debe gobernar para todos los colombianos: los que votaron o no por usted, aún para los opositores y adversarios, y eso ciertamente impone que modifique su comunicación hacia todos. Aunque parezca ingenuo, haga el ejercicio con sus mensajes en Twitter sin confrontación, emplee un lenguaje empático. Pruébelo.
Dice mucho que las ambiciosas reformas integrales que propone sean susceptibles de reformularse, modificarse, examinarse y debatirse con todos los sectores de la sociedad multiactiva, el país político y la ciudadanía en general. Ahí hay un cambio porque ofrece posturas no tozudas ni inamovibles, más bien con ese enfoque desarma a las gentes que obstinadamente se le oponen a todo lo que plantea.




