Por Luis Augusto González Pimienta
Se veía desencajado. Parecía como si hubiera pasado mucho tiempo desde la última vez que nos citamos para conversar del diario acontecer. No hacía falta hacerlo, me dijo, porque no hay nada nuevo, todo se repite, con diferentes intérpretes.
Acepté sin chistar para no cortar su intervención. Su figura atlética se había desvanecido dramáticamente. Hombros encorvados, prominente papada, caminar inseguro,señales inequívocas del desgaste natural que ocasionan los años. Todo lo anterior era nada ante su expresión entristecida y sus palabras recortadas. Un año atrás su semblante era alegre, juguetón, chisposo. Ahora, me traía el recuerdo del caballero de la triste figura.




