“Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen el agua”. Jeremías 2,13
La reflexión de hoy, está basada en el acontecimiento que conocemos como el encuentro de Jesús con la mujer Samaritana. Ella, movida por la tradición, venía al pozo a sacar agua, aquel pozo tenía cierto valor espiritual para los samaritanos de Sicar, les hacía pensar en las glorias del pasado.
Es necesario establecer la diferencia entre las aguas estancadas de una cisterna, que solo sirve como depósito o almacenamiento de agua proveniente de las lluvias y el pozo que es alimentado por aguas subterráneas o de manantiales. La una es agua muerta y estancada; la otra, es un agua viva que fluye constantemente y corre libre.




