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¿Por qué acepté?

A la pregunta de por qué acepté la invitación del presidente Petro de sumarme a la delegación del Gobierno en las negociaciones con el ELN, respondo inicialmente con otra pregunta: ¿Cómo negarme?

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A la pregunta de por qué acepté la invitación del presidente Petro de sumarme a la delegación del Gobierno en las negociaciones con el ELN, respondo inicialmente con otra pregunta: ¿Cómo negarme? Acababa de firmar un acuerdo para la compra de tierras, como parte de su promesa de cumplir con la Reforma Rural Integral y, además, habíamos coincidido en la necesidad de recuperar el campo como condición para la paz; ¿Cómo negarme, entonces a participar en unas negociaciones de paz? 

De incoherente me tildarán quienes se preguntan por qué con Santos no y con Petro sí. Porque Santos nos traicionó a sus electores; por mi oposición a que se negociara la reforma del campo con quienes lo habían destruido, y a espaldas de su población y del sector agropecuario; y porque las negociaciones con las Farc buscaban -y lo lograron- transformar el Estado para garantizar impunidad y justificar sus crímenes. 

Petro, por el contrario, ofreció negociar con el ELN. No sabemos aún qué quiere, pero no superará las exigencias de las Farc y, dentro de lo que percibo, sus propuestas van en la dirección de lograr mayor participación de la sociedad en una mejor democracia, con transformaciones institucionales, pero no para su beneficio, sino para buscar la paz sin olvidar a las víctimas. En suma, son más “idealistas”, sin que ello justifique su violencia.

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