Lo que ha hecho este gobierno, el de Petro, el del cambio, con la salud, es sencillamente criminal. Miles de colombianos han padecido los cambios en el sistema y a algunos les ha costado la vida. Tengo el caso de un familiar muy cercano, mi mamá, a quien vi comprando los mismos medicamentos que antes de Petro le entregaba su EPS, por 600.000 pesos; eso le cuestan al mes sus medicinas y lleva varios comprándolas de su bolsillo, afectando su caja mensual. ¡No hay derecho! ¿Qué pasa con aquellos ciudadanos, niños, adultos mayores, que no tienen cómo sufragarlos? Nada. Se enferman y mueren. Es indignante, injusto, reprochable, descarado, pero además estoy seguro de que presidente y ministro cometen un delito. Espero que, en un tiempo, más pronto que tarde, ambos estén en prisión y paguen por estos hechos.
La salud en Colombia, ese sistema imperfecto pero el sexto en el mundo para la revista The Economist, que arrojaba buenos resultados en calidad y excelentes en cobertura, como no fue resultado de batallas legislativas de la izquierda, debía ser destruido. La derecha lo construyó y lo disfrutamos por varios años hasta que Petro, al igual que hizo en su momento con las basuras en Bogotá, “lo mandó al otro mundo.” Con odio y sevicia lo han perseguido y hoy está en la UCI, enfermo, grave, moribundo. Kevin Arley Acosta, aquel niño de escasos 7 años que sufría de hemofilia y que falleció en el Huila el pasado 13 de febrero por falta de medicamentos, es un caso más del desdén del Estado. La nómina pública ha aumentado el 74 % en 42 meses de tragedia petrista y los colombianos no tenemos salud y nos dejan morir sin siquiera sonrojarse.
Petro y su gobierno son criminales de la peor calaña, menos mal Donald Trump lo tiene del pescuezo desde hace varias semanas. La captura de Maduro “le dañó el caminado” a los planes de esta izquierda asesina que pretendía perpetuarse en el poder y, al mejor estilo Castro chavista, robarse las elecciones sistemáticamente. Recuerden aquel “no confío en el sistema electoral colombiano”, del que Petro viene despotricando, el mismo que lo eligió. Maldigo la hora en la que políticos confiados de nuestros países en Latinoamérica ofrecieron amnistías a delincuentes que con ideologías retardatarias -porque no son progresistas, otra falacia de su narrativa-, llegaron por las urnas al Gobierno. Ya me han oído decir que el mal llamado proceso de paz con las FARC, el de la impunidad, el de las curules en el Senado para los terroristas y violadores, el que nunca generó entrega de bienes ni indemnización a las víctimas, fue la puerta que se abrió para que estemos viviendo este presente. La falta de aplicación de Justicia a estos facinerosos, el no pagar por sus crímenes, tiene a Petro en el gobierno, al país lleno de coca, a los ciudadanos atrincherados en sus casas por temor a salir, eso ¡jodió a Colombia! Tenemos que salir de esto pronto, dejar esta pesadilla atrás, olvidar lo que nos han hecho, salvar lo poco que queda e iniciar el proceso de reconstrucción del Estado que está ad portas de descansar en paz. Tenemos el tiempo contado, pero se puede, ¡claro que se puede!
Mientras tanto, los invito respetuosamente a analizar la importancia de la ética en el ejercicio profesional. Los intereses personales jamás podrán imponerse, en ambientes laborales, a los de la empresa. El trabajo de un equipo no puede verse vulnerado por el de unos pocos, la mezquindad sin duda es un ingrediente malvado que afecta las organizaciones y que se lleva por delante el bienestar y unas condiciones de trabajo dignas. Las empresas desaparecen por la negligencia de personal poco comprometido con la realización de metas corporativas de mediano y largo plazo, de las que depende su sostenibilidad y éxito. Las organizaciones y su futuro deben ser de interés para los sindicatos y sus posturas irreflexivas lastiman y llegan a matar todos los días a compañías que se cansan de luchar, que se agotan y que no logran ver otro amanecer. Los invito a cuidarlas, a quererlas, el trabajo dignifica al hombre, lo hace útil, lo humaniza.
Por Jorge Eduardo Ávila
