Esta no es una columna de opinión, es de expresión sentimental y evocaciones, así que hoy prevalece lo que abrigo no lo que opino.
No estoy hecho para los cambios, soy rutinario profundo, me amarro a los recuerdos. En ningún tiempo hubiera deseado salir de la casa con patio inmenso en la calle La Pajuela, en Sincelejo, en donde nací. Allí hubiera pretendido no solo crecer, como lo hice, sino haber vivido toda la vida y allí morir , pero nada queda después del paso de las topadoras, que arrasaron con todo, menos las remembranzas, queda el desnudo parqueadero de un supermercado.
Esa casa y sus antiguos vecinos nunca debieron cambiar solo transformarse: los mayores en sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos….




