La oscura noche del uribismo, que nos tuvo al borde del abismo en ‘La Rodolfoneta’, está por terminar; la esperanza pudo más que el miedo y la ignorancia. Con la más alta votación de la historia, fue elegido Gustavo Petro, quien ya no es el mismo guerrillero beligerante del M-19, ni el impulsivo alcalde de Bogotá que tomaba decisiones sin reflexionar. Hoy, es un líder formado, reflexivo y pragmático que sabe que su momento llegó y que puede convertirse en la referencia de la izquierda Latinoamérica, al nivel de Lula Da Silva.
Petro llegó derrumbando los temores que mantuvieron al borde del colapso a muchos colombianos ingenuos que creyeron tantas barbaridades, promovidas por los mismos que entregan el país descuartizado en todo sentido.
Desde su primer discurso en el Movistar Arena, se notó un estadista con ganas de reconciliar a Colombia, con solo una semana de elegido ha recibido señales importantes de liderazgo como: La llamada del Presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, lo que demarca el camino de unas relaciones armónicas y estables con la principal potencia mundial; es clave mantener relaciones igualitarias que alejen a Colombia del sometimiento que por años ha impuesto Washington e iniciar una agenda conjunta y robusta de proyectos en tiempos de crisis.




