Darío Leguízamo Peñate cultivó el arte de ser humano. La tolerancia, el respeto, la amistad, el estudio y el trabajo fueron dimensiones que dignificaron su vida. Afirma Rob Reimer: “El arte de ser humano es encontrarnos en persona, y sentados en una gran mesa, seguir intercambiando ideas sobre lo que nos corresponde hacer durante nuestro propio viaje por esta vida y este mundo”.
La bendición del recuerdo que atesoraba desde la infancia, lo motivó para encontrarse en su propio viaje a través de la disciplina y la responsabilidad en hacer siempre mejor su trabajo. Su desempeño laboral lo realizó en diversas facetas de las artes, al punto de ser reconocido «Personaje arco iris»: gestor cultural, pedagogo que incitaba la epifanía de la lectura y el teatro, dinamizador en la organización de biblioteca, coordinador de foros y conversatorios y maestro de ceremonia en eventos académicos. Desde hace varios años venía ejerciendo sus funciones de asesor cultural de la biblioteca departamental Rafael Carrillo Lúquez, y era catedrático de la Universidad Popular del Cesar.
Fue un peregrino del bosque en su misión de despertar los ángeles de las artes que duermen en los jardines del corazón y la memoria. De los koguis hizo suya la palabra Yuluka, por eso repetía en su mente: “Ponte de acuerdo con las leyes de la madre Naturaleza, el pan lo da la tierra sin derramar sangre la hierba”. Y en la Nevada contemplaba el cóndor que se niega al descenso del último crepúsculo.




