La lucha de organizaciones que por años han reclamado sus tierras arrebatadas, que piden oportunidades y mejores condiciones en el campo o la intervención del Estado para proteger la vida de campesinos en medio de la guerra declarada por distintos grupos armados, termina exponiéndolos ante las autoridades y muchas veces sus propósitos altruistas se reducen a una batalla individual para demostrar su inocencia.
Ser un líder campesino conlleva a la provocadora estigmatización de ser señalado de subversivo o proclive a las autodefensas, todo depende de la reivindicación que se pretenda ocasionando rápidamente que la persona pase de las protestas a las paredes de una cárcel porque lo que se busca no es la aplicación de la ley, es la desarticulación y el final del movimiento que representa.
El proceder en estos casos se repite en todos y es un patrón, se reclutan personas para que con falsos testimonios afirmen que el líder campesino hace parte de estructuras armadas, que es un ideólogo político de una guerrilla o de paramilitares, también usan fotografías en reuniones para darle una interpretación distinta a la real y mostrarlo en campañas de adoctrinamiento en poblaciones apartadas allá en las montañas.




