COLUMNA

Ofrenda a los estudiantes

Camina sin la premura de adelantarse y sesgar la ruta, para llegar primero. La infancia hay que disfrutarla con el atavío de la inocencia, la espontaneidad de sentir el asombro de los interrogantes y la dicha suprema de escuchar los cuentos de los abuelos.

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El pájaro sueña el bosque, posarse en un árbol de olvido donde crecen las flores del perdón. Con estos versos de mi próximo libro, Caligrafía del Tiempo, inicio esta ofrenda en homenaje al Día del Estudiante, que en Colombia se celebra el 8 y 9 de junio. La vida es racimo de luz, y a veces una sombra de dolor; pero a pesar de todo es la vida, y la vida es bella.

Camina sin la premura de adelantarse y sesgar la ruta, para llegar primero. La infancia hay que disfrutarla con el atavío de la inocencia, la espontaneidad de sentir el asombro de los interrogantes y la dicha suprema de escuchar los cuentos de los abuelos. ¡Goza el deleite espiritual y corporal en la estación maravillosa de la juventud! La adolescencia vívela con armonía y modestia. No cierres las puertas al conocimiento, a la dignidad del espíritu, al maravilloso encanto de sentirse una persona querida y respetada.

Siembra jazmines en el patio, o una palmera que haga sonreír al viento en la puerta de tu casa o una calaguala que pinte de verde los faroles en tu ventana. Ahí llegarán los pájaros a bendecir con su canto los espejos de tu alma. Vive el fervor de la gracia de Dios. Si hay relámpagos y agitados cohetes que cruzan por el cielo de tus noches, llénate de fortaleza y espera el final de la tormenta. No levantes murallas a tu alrededor, abre las puertas para que Dios entre en tu interior y te colme de paz.

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